- Narración historia de Maribel Camacho
Maribel regresó a la ludoteca de Tierra Viva después de 15 años. Tenía solo 8 cuando representó a la princesa de “Jacobo está perdido en la ciudad”, una obra en la que un grupo de animales salvajes, representados por los niños y niñas, relata cómo fue su llegada a la ciudad, cómo fueron señalados e incomprendidos y cómo finalmente llegaron a ser aceptados. Esta obra selló uno de los cursos de teatro de la Corporación en los que niños y niñas disfrutaron los ensayos de sus personajes, el vestuario colorido y brillante, los sombreros, las varitas mágicas y las carcajadas con sus amigos y amigas.
Así lo vivió Maribel. Mientras observa las fotografías que reposan en la ludoteca, recuerda que era una niña soñadora, y en las clases de teatro se transportaba una y mil veces al país de las maravillas. Ahora, a sus 23, es una aterrizada estudiante de Administración de Empresas y de Gestión de Mercados, quien ya ejerce el título de Auxiliar Contable. ¿y la vena artística? sigue presente en su vida: gracias a su pasión y a su constancia, Maribel se hizo bailarina profesional. Además, por su belleza ha sido nombrada señorita Soacha y reina departamental del café.
La vida de esta mujer carismática y exitosa, princesa en la infancia, no ha sido siempre color de rosa. Maribel se siente orgullosa de haber crecido en el seno de una familia trabajadora, a la cual no le tocó fácil. Su padre fue desplazado del Chocó y al llegar a Altos de Cazucá debió iniciar una vida social y productiva desde cero, y entre todos, poco a poco, fueron saliendo adelante.
En medio de las dificultades, la Corporación era un espacio mágico, lleno de juegos y alegrías, en el que recibía apoyo para hacer las tareas y aprendía diferentes tipos de arte. Allí aprendió a hacer manillas, y se ayudaba vendiendo algunas en el colegio. El deseo de Maribel de pasar sus tardes en la ludoteca era tanto, que sus padres, su gran soporte, se amparaban en él para enseñarle disciplina: sólo cuando la pequeña Maribel se despertaba temprano, dejaba sus cosas en orden y lavaba los platos podía ir a Tierra Viva.
La infancia y juventud en medio de ese difícil sector que es Altos de Cazucá ha dejado varias heridas en su memoria y su corazón. Las fotografías que ahora penden en la ludoteca le recuerdan compañeros de teatro que ya no están. Algunos porque se mudaron del barrio a raíz del orden público alterado, otros porque fueron víctimas de los actores armados que proliferan en la zona. También por esta razón, Maribel agradece a las organizaciones sociales que llegan a Altos de Cazucá con el fin de brindar protección a las personas vulnerables. Y ahora, cuando regresa a su ludoteca, se alegra de que ésta permanezca con su incansable deseo de ayudar a niños y jóvenes que, como ella, han sorteado las dificultades y han construido un proyecto de vida inspirador.
Al despedirse de nuevo de la ludoteca, la que fuera su princesa deja un mensaje a los niños y las niñas: “Quiero decirles que crean en sus capacidades, en el poder de sus sueños, que aprovechen espacios como el que Tierra Viva ofrece, mientras adquieren conocimientos. Que sean buenas personas, amen a su familia y no dejen pasar las oportunidades que se les presentan en la vida para su crecimiento personal y colectivo”
Redacción: María Ofelia Trejos / Edición: Astrid Villegas

