Corporación tierra viva Historia de Brandon

Brandon, de sol y balón

Con tierra en las rodillas, su camiseta impregnada del sol y sus tenis, Brandon Lavacude llega sonriente de su entrenamiento de fútbol, a contarnos su historia. A sus 17 años, vive con su hermana menor, su madre y su abuelo, en Altos de Cazucá, el lugar donde nació, ubicado en las márgenes de Bogotá: a varios kilómetros de distancia del agua potable y de una atención básica en salud.

Desde muy pequeño, pasaba largas horas en la ludoteca de la Corporación Humanitaria Tierra Viva, entre libros, amigos y juegos. En medio de la aridez del barrio, de la pobreza y los conflictos sociales que habitan sus calles empolvadas y de la precariedad de la educación en la escuela, en la Ludoteca Brandon disfrutaba las clases de artes escénicas, la música y pasar las páginas de las enciclopedias hasta encontrar la palabra que buscaba. En su último año de estudios básicos, que cursa en un colegio de otro sector de la ciudad, Brandon recuerda su infancia en Tierra Viva como un espacio en el que aprendió a compartir con otras personas y conoció la reciprocidad, un lugar donde cada persona vale y se le motiva a lograr sus propósitos a su propio ritmo. Eso lo incorporó en su vida. 

Ahora, cada día, después de clases, este joven de amplia sonrisa viaja 40 minutos para llegar a encontrarse con su gran pasión: la práctica de fútbol; 4 horas de esfuerzo y gozo con el balón, que lo han llevado a destacarse y desarrollar grandes habilidades.

Para él, en medio de los conflictos de Altos de Cazucá, de los que fue víctima su propio hermano, uno de los grandes retos que afrontan los jóvenes es la falta de oportunidades, que limita su perspectiva de futuro, y restringe sus anhelos a reproducir el presente de los adultos que los rodean: “trabajar en una actividad y solo ganar para suplir sus necesidades diarias”. Por eso, valora haber encontrado en Tierra Viva la oportunidad de darle otra mirada al futuro, con los talleres de formación profesional y personal “Decolab”, en los que son entrenados en temas como habilidades blandas, proyecto de vida, legislación laboral, preparación para procesos de selección, entre otros. Brandon resalta que allí ha desarrollado aptitudes para el trabajo en equipo, la solución de conflictos y el manejo del tiempo, lo que le ayuda a materializar los deseos que tenía desde pequeño para cuando fuera un adulto: este proceso “fue significativo para mí, como para mi hermana y mis compañeros, quienes participamos durante un año en la creación del proyecto de vida propio para encontrar la forma de tener un mejor futuro ”.

 

Hoy, Brandon es un joven determinado que quiere llegar lejos: paralelo a sus estudios básicos, realiza estudios de tecnología en Ingeniería Mecatrónica con la Universidad Nacional. Quiere terminar su bachillerato, ser profesional en Arquitectura y seguir creciendo en el fútbol: ahora ya hace parte de las fuerzas básicas del club Llaneros, el cual le ha ofrecido un precontrato que lo llena de ilusión para algún día escuchar estadios corear su nombre como hoy lo hace Kylian Mbappé.
¿La razón de su sueño? Brandon quiere brindar a otros jóvenes una mano amiga, como la que él recibió desde niño en la Ludoteca, que los ayude en los momentos difíciles y esté siempre disponible cuando la necesiten. “La Corporación es como mi segunda familia -dice-. En ella encuentro la seguridad y confianza que puede dar una familia. En ella me puedo desconectar del mundo y salir de la rutina”. Brandon recoge el balón y mira de nuevo. Con su gesto y sus palabras dice que aunque algún día llegue a vivir en otro barrio de Bogotá, el afecto y los vínculos que generó en su caminar por la Corporación permanecerán para siempre en su corazón.

Redacción: Anderson Ocampo / Edición: Astrid Villegas

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